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Instalaciones

Invernadero                                                                                                   Texto: Virginia Sotti

No se sabe por qué pero adentro del CEC hay un invernadero. Una casita clara en un galpón oscuro, en un parque, a la orilla de una ciudad con río. Unos panes de pasto le brotan alrededor y algunos bichos se agolpan contra las paredes, atraídos por la luz, igual que los que estamos afuera. Un candado clausura sutilmente la puerta y un sonido incomprensible no nos dice nada. Ni cosas, ni gente, ni ruidos de calles ni campo. Blanco, planchado, con vértices cerrados y ángulos precisos. De tan brilloso resplandece, con una luz que atravesando el papel vegetal pareciera que lo vuelve mármol.

María es fotógrafa y su Invernadero es una instalación. Por haberse encontrado alguna vez con uno que no pudo llevarse sólo con su cámara de fotos -tras haberle quedado éste rondando por los ojos y la memoria- ella decidió hacerlo presente una vez más. Y construyó su invernadero en un galpón en un parque.

Bonita paradoja que, para acercar el objeto de un modo manifiesto e irrefutable, se precise justamente de su plagio. En un famoso libro suyo Roland Barthes dijo: “ante la foto del Invernadero soy un mal soñador que tiende los brazos en vano hacia la posesión de la imagen”. Hablaba de su madre que por ese entonces existía solamente en una y esa foto. A María le pasó igual y diferente.

Su propuesta es un desliz, un calculado desfasaje. Aquí las estrategias ocurren, se escurren como un arroyo deviene río o un río deviene mar: yéndose María de fabricar índices a fundar experiencia, de la representación a la presencia y mudándose, de un gesto de memoria, a la invención un inmediato.

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