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Fotografías

Desde los bordes
Texto: Alberto Goldenstein 

Los límites, las fronteras y los márgenes son manifestaciones que, más allá de su condición de obstáculo, pueden pensarse como movilizadores.

La discontinuidad que plantea un límite obliga a detener una inercia y reconfigurar los movimientos. La frontera determina un territorio –físico, geográfico o conceptual- y construye una perspectiva desde la cual se piensa y se mira. El borde obliga a definir: esta es la tierra y este es el río,  esta la acera y aquella la calzada, esto es y aquello no es.

Pero ¿qué sucede en el borde mismo? ¿Cómo pensar o comprender la tensión que contiene? Ese es el terreno en el que opera la Fotografía, al menos como lenguaje. Precisamente, una imagen fotográfica es una construcción a partir de un borde: es lo que la define, lo que le otorga existencia. Ese borde será el límite entre lo que permanecerá por fuera – un infinito sin definición alguna- y lo que quedará adentro, de lo que seguramente podrá decirse algo: es una foto.

La otra gran frontera que marca una fotografía es la del tiempo. Al limitarlo arbitrariamente, confirma su existencia y su fugacidad.  A partir de allí los bordes se multiplican y potencian produciendo un desbande de significados, historias o malentendidos  que le dan a la imagen su densidad y espesura.

Las obras que integran esta muestra, y los artistas que las producen, movilizan y ponen en cuestión el sentido, los significados y la comprensión cabal de lo que en ellas se puede ver.

Gonzalo Maggi  fotografía espacios, personas y situaciones. Su escenario está en lo cotidiano, en lo naturalista, aunque atravesado por un halo de ficción en la que no hay un desarrollo, sino más bien una tensión o una fisura, como él mismo la define. Se trata de una latencia en el interior de los personajes y de los espacios que no se devela plenamente, sino que se planta como una semilla en los ojos del espectador.

Gabriela Schevach y Ariel Authier trabajan desarrollando proyectos en colaboración. Su obra, compleja y de algún modo enciclopédica, abreva en diversos formatos y referencias: el cine, las revistas de ciencia, las fotonovelas, la escultura, las vanguardias.  Sus fotografías son una cita,  una acción o instrucciones de algún proceso que no se explicita.  Schevach/Authier caminan juntos por la orilla del sentido de una foto, y  la interpelan al mismo tiempo que la exaltan.

Las fotografías nocturnas de Maria Crosetti son el resultado de un trabajo de desacomodamiento de la mirada y las apariencias. Su serie configura una visión enrarecida del paisaje rural.  En una nocturnidad falsa, generada en pleno día por una combinación de flash y subexposición en la toma,  se diluyen las referencias y la imagen queda oscilando entre lo emocional e inquietante y la pura abstracción gráfica.

Finalmente, los márgenes del río Paraná sobre el que se asienta el Museo quizá constituyan una última frontera que cierre y contenga la idea de esta muestra fotográfica.

 

La música sin vacas es igual a Uno.                                                                                                                                                                                                                                                                                (55-54=1)

Para la Lista de los Sueños y múltiples tradiciones, algunos objetos u hechos soñados la noche anterior tienen un significado oculto, representan un número, un número de la suerte. Así, por ejemplo, la  Santísima Trinidad  es signo del 3; El Loco, 22; Los Piojos, 87; La Niña Bonita, del 14. Esta relación es una convención cultural.

Las imágenes están compuestas por una palabra y una fotografía. Palabra y fotografía, son dos significantes diferentes del mismo significado, el número oculto. Ahora bien,  ¿Cómo es esta relación significante? La palabra corresponde al sustantivo que acompaña a cada número en la lista; “Piojos”, “Incendio”, “Mujer”. El número está representado en la foto por la cantidad de elementos que componen la imagen. 87 tapitas de gaseosa; 8 cintas, 21 zapallos. Pero los objetos que aparecen en la foto son diferentes a lo nombrado con la palabra. Es así que, a la palabra “Piojos” le corresponde una imagen compuesta por 87 tapitas; no por piojos.

De este modo, la obra juega con la arbitrariedad de la Lista de los Sueños y, con la arbitrariedad de toda relación convencional entre significante y significado. Ocultando el hecho de que fotografía y palabra son ambas significantes de un mismo significado oculto (el número), el espectador se ve forzado a buscar relaciones inusitadas entre imagen y palabra.

 

 
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